Nuit de Bohème: De cómo las paredes susurran aún el eco del tiempo ya pasado.

martes, 9 de septiembre de 2014

De cómo las paredes susurran aún el eco del tiempo ya pasado.




«Desde que tenía memoria, estaba atrapada en una vida paralela a aquella con la que había soñado; la que razonablemente, habría podido ser suya. »
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«Ella dice que las historias están en todas partes y las personas que esperan el momento ideal para empezar a escribir acaban con las páginas vacías. »
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«Las imágenes en blanco y negro producen una profunda nostalgia, la ausencia de color es una versión del embudo del tiempo. »
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«La felicidad no está garantizada, es preciso conquistarla. »




Quién no se ha visto envuelto en el estereotipo de no encajar. De hablar poco y soñar mucho – o demasiado- De estar expectante al « ¿y sí…? » que podría nunca llegar.

El tiempo nos priva de los días que se suceden, de las noches, de la juventud y la tersura de la piel. Nos priva del hogar materno, del hombro paterno, de un regazo sobre el qué derramar la desdicha. Perdemos personas y lugares, y en algún momento nos perdemos a nosotros mismos. Se rasga el ser y se esfuma un pedacito. Nostalgia ante la pérdida y el paso del tiempo, es así.

Las historias familiares se tiñen del color nebuloso de esa palabra, sus secretos y susurros se resguardan en las paredes de la casa, se esfuman las palabras entre sus grietas y tabiques. Las tramas vividas se pasan, se sobreviven o se entierran, y el susurro de las palabras entre las vigas nos la recuerda con cada soplo de viento. El silencio puede dañar las raíces de los árboles hasta dar con sus frutos, helándoles y haciéndoles madurar y caer antes de tiempo. La frialdad se consuma en el mutismo. 

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